Quiénes somos
El Colectivo Baubo de coeducación afectiva y sexual está actualmente formado por Rosa Sanchis Caudet, profesora de valenciano en el IES Isabel de Villena de Valencia, y Enric Senabre Carbonell, profesor de Filosofía en el IES Escultor Francesc Bahía de Foios. El grupo empezó a caminar el año 1994, en un instituto de la localidad de Chiva, llamado en la actualidad IES Marjana, pero entonces una extensión con poco más de ciento cincuenta alumnos. Aquel curso, tres profesores, la de inglés, el de filosofía y la de valenciano, empezamos a hablar de la sexualidad con lxs adolescentes del antiguo Tercero de BUP, en las clases de tutoría.
Los comienzos fueron muy especiales: el trabajo en equipo, las lecturas compartidas, la complicidad con unxs jóvenes que parecían a gusto, las vergüenzas y los miedos que íbamos superando... Sobre todo eso último, porque nuestra propia evolución corría paralela a la de nuestro alumnado: tampoco para nosotros era fácil hablar de sexualidad y de emociones.
Y así, andando y conversando, con la reforma educativa las clases de sexualidad en tutorías se convirtieron en cursos de dos horas semanales en Tercero de la ESO, y de tres horas en Cuarto, a través de la optativa Papeles sociales de hombres y mujeres.
A lo largo de esta década bien cumplida, hemos llevado a cabo varios proyectos de innovación pedagógica: “Educación afectivo-sexual”, “Coeducación online de las emociones, la afectividad y la sexualidad”, “De la moral a la ética” (segundo premio de Innovación Pedagógica de la Consejería de Educación 2003) y “Educar la sexualidad: educar para la igualdad” (tercer premio de Transversalitat 2004). El año 2003 nos lanzamos a la apasionante tarea de encuestar a todos los jóvenes de nuestro instituto y con el estudio posterior ganamos el premio de ensayo “Peñas Albas” de Chiva (Sexualidad y adolescencia, Rialla, 2005).
También hemos tratado el tema de la afectividad y de la sexualidad a través de nuestras áreas de trabajo, hemos dado charlas para padres y madres, y llevamos un montón de años animando a nuestrxs compañerxs para que pierdan el miedo e integren la sexualidad y las emociones en su trabajo. Los contenidos, solo hilvanados al principio, han ido tomando forma definida con los años, pero siempre sin olvidar que no educamos la sexualidad a la manera típica de los cursos preventivos: lista de medios anticonceptivos y de enfermedades, pros y contras de los métodos, maneras de contagiarse, aparato reproductor masculino y femenino, etc. La escucha y el conocimiento del mundo adolescente nos ha enseñado que lo que fomenta el riesgo y las malas experiencias en las relaciones afectivo-sexuales no es tanto el desconocimiento de los medios anticonceptivos, sino la existencia de toda una serie de ideas estereotipadas sobre la masculinidad y la feminidad, sobre qué es ser “un hombre de verdad” y qué es ser “una buena chica”.
De la mano de la psicología, hemos aprendido la imperiosa necesidad que tienen lxs adolescentes de construir una identidad cerrada, blindada, que les identifique inequívocamente como hombres o como mujeres. Y esta asunción identitaria, vivida casi como un mandato absoluto, está por encima de otros aspectos, por ejemplo la salud. Un chico en moto hará una arriesgada pirueta si así está seguro de demostrar, delante de las chicas o ante otros varones, que es un “hombre”. Y una chica criticará despiadadamente a otra para dejar claro que ella no es una “cualquiera”. El problema de estas identidades, que tienen como base el sexo, es que deben estar en permanente construcción, tanto por las tensiones internas inconscientes, como por los cambios en las circunstancias externas. Y a efectos prácticos, la cuestión es que no vale con demostrar una vez que somos hombres o mujeres de verdad. Tenemos que pasar la vida demostrándolo. Y es agotador.
Mentiríamos si dijéramos que en estos años lxs adolescentes no han cambiado. Pero lxs apocalípticos dicen que lo han hecho a peor: que ahora son más conservadorxs, más irresponsables y unxs desagradecidxs que no aprovechan ni la libertad ni la información que tienen... No es esta nuestra visión de la juventud: hemos podido experimentar a lo largo de los años de trabajo el agradecimiento por compartir sus dudas, por poner palabras a sus miedos, por dar forma a sus ilusiones.
Pero este mundo sí que está cambiando de verdad y los modelos estereotipados de masculinidad están también en crisis, por fortuna. El movimiento feminista, los movimientos de liberación sexual, las transformaciones en el trabajo, los avances científicos en reproducción, la globalización de la información... Lxs jóvenes se enfrentan a los cambios sin haber hecho una verdadera transformación interior, con la única guía segura del estereotipo, y, desgraciadamente, la ira y la violencia son cada vez más la manera de responder.
Queremos aclarar aquí que cuando hablamos de hombres y de mujeres como de un todo homogéneo, como una esencia, no estamos identificando a todos los hombres con las características negativas de la identidad masculina, ni a las mujeres con las del victimismo y de la opresión. Es una manera de buscar una explicación a la situación. Y ésta es que el patriarcado se está mostrando en toda su crudeza: agresivo, jerárquico, conservador y esencialista, y se está sirviendo del miedo de las personas para no desaparecer. El miedo de los hombres a perder los privilegios. El miedo de las mujeres a coger la responsabilidad de la propia vida y de los propios deseos. El miedo de todos a los que son diferentes, a los marginados de la identidad. ¿Cómo transformar la miedo y la rabia en palabras? ¿Cómo enseñar la ternura y la cuidado de los otros? ¿Cómo enseñar a escuchar y a respetar a los diferentes? ¿Cómo enseñar una sexualidad respetuosa? ¿Cómo prevenir el maltrato?
Podríamos seguir la lista de preguntas que hemos intentado contestar a lo largo de estos años, y no acabaríamos. Pero lo importante es que estas cuestiones se lleven a clase para que lxs jóvenes las resuelvan en su interior. Charo Altable llama al cuestionamiento de las ideas estereotipadas del amor, de la mujer y del hombre tradicionales, bajar a los infiernos. La bajada puede ser conflictiva, puede ser dolorosa, pero es necesaria para reconocer-se, amarse y crecer personal y colectivamente.
A los largo de estos cursos hemos intentado llevar al infierno a un montón de jóvenes. El camino no ha sido fácil: ya contábamos con las arenas movedizas del amor romántico, con los zarpazos de la crítica a otras mujeres, con la picadura de la baja autoestima, con el veneno de la sumisión. Tampoco es fácil saber si lxs adolescentes han subido del infierno con el alma llena; pero podemos decir que el balance ha sido muy positivo. Sus comentarios, sus valoraciones, continúan animándonos a seguir con una experiencia que recomendamos a todo el profesorado que se atreva a recorrer el camino de su propio infierno.
Rosa Sanchis (¿Todo por amor?, ed. Octaedro)