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introducción a la obra El ensayo que tenéis en vuestras manos es el fruto de diez años de conversaciones y de trabajo sobre la sexualidad con los adolescentes de Chiva. Este estudio surge también del interés por un tema que implica tanto a maestros como a alumnos, a padres y a hijos, a políticos y a ciudadanos, porque todos tenemos el potencial de disfrutar de la sexualidad, aunque desgraciadamente muchos hayamos sufrido también las consecuencias de una educación limitadora y castradora. Lo queramos o no, la sexualidad es una dimensión humana que nos acompaña siempre, aunque en cada momento evolutivo la vivamos de una manera diferente. La sexualidad es una forma de comunicación humana, es una fuente de placer, de salud, de afectos y, cuando se desea, de reproducción. Desgraciadamente, nuestra cultura nos ha transmitido una sexualidad recortada, amordazada, ciega y sorda, esposada: una sexualidad genital y coital, para adultos “normales”, varones y heterosexuales, encaminada al matrimonio y a la reproducción.
Del trabajo con nuestros jóvenes y de la observación y el estudio de la realidad circundante, hemos llegado a la conclusión de que la mayoría de estos recortes continúan vigentes. Que la sexualidad de los pequeños, de los ancianos, o de los minusválidos físicos o psíquicos, no es tenida en cuenta. Que las mujeres tampoco deben mostrarse demasiado activas. Que los homosexuales, mejor si son familia de otros. Que la práctica sexual estrella es el coito. Y que el matrimonio continúa siendo la forma de relación social y legalmente favorecida.
Pero
para saber más sobre la concepción de la sexualidad de los jóvenes de
Chiva, pensábamos que era necesario conocer más objetivamente el saber
que habíamos acumulado de manera personal y difusa y, por eso, decidimos
diseñar una encuesta que nos aportara datos reales sobre los aspectos que
más nos interesaban. Los resultados han sido estructurados en cinco
capítulos que a continuación pasamos a presentar.
En el capítulo 1: La educación de la sexualidad, les hemos preguntado a nuestros alumnos si estaban satisfechos con la educación sexual recibida, dónde habían aprendido lo que sabían y dónde les hubiera gustado aprenderlo. En el capítulo 2, Mujeres y hombres, les hemos planteado si los hombres y las mujeres eran o debían ser diferentes respecto de las labores del hogar, en la familia y en la sexualidad, qué era para ellos la sexualidad, cuál era la parte de su cuerpo que más placer les proporcionaba y cuáles eran las prácticas más placenteras. En el capítulo 3, Prácticas sexuales, les hemos preguntado sobre su propia actividad sexual: qué han practicado, con quién, con qué frecuencia, cuándo y dónde. En el capítulo 4, Autopercepción, autoestima y expectativas vitales, nos han hablado sobre la estima de su cuerpo en general y de los genitales en particular, lo que valoran en la pareja y lo que esperan de su futuro afectivosexual. Finalmente, en el capítulo 5, Percepción y prevención de riesgos, les hemos preguntado sobre anticoncepción y prevención de enfermedades de transmisión sexual y sobre el aborto.
La lectura de los cinco capítulos que componen este ensayo no ha de hacerse linealmente, si no se desea. Cualquiera de los capítulos muestra con claridad nuestro objetivo prioritario: la necesidad de intervenir de manera consciente en el proceso de sexuación de nuestros jóvenes. Callar también es educar. Y muchas veces significa perpetuar el modelo ya existente, a la espera de que los jóvenes se las arreglen como puedan solos si quieren cambiar el modelo existente. Al fin y al cabo eso es lo que hemos tenido que hacer todos, aprender solos: y claro, así nos ha ido. Es evidente que nuestros jóvenes disponen ahora de una información que nosotros no teníamos, pero esto únicamente oculta la perpetuación del modelo existente.
La mayor parte de las explicaciones de los adultos sobre la sexualidad se refieren a los diversos aspectos de la reproducción. Hablar de sexualidad se confunde con hablar de relaciones sexuales y, frecuentemente, hablar de relaciones sexuales supone hablar de relaciones coitales. La visión que hemos de transmitir es que la sexualidad no es un coito y ya está. Expresar con cualquier parte de nuestro cuerpo un deseo, un sentimiento, descubrir el lenguaje de las caricias... todo eso es sexualidad. La sexualidad se manifiesta a través de una gran variedad de formas de expresión y el hecho genital solamente es un aspecto más. La sexualidad tampoco es un instinto biológico destinado únicamente a la reproducción. Y aquí tenemos el clítoris para corroborarlo: a diferencia del resto de mamíferos y primates, este órgano produce placer independientemente de la reproducción. La sexualidad no se da solamente con personas del otro sexo. El deseo y el placer pueden surgir de nuestro propio cuerpo, con personas del mismo sexo o incluso con la imaginación a través de las fantasías sexuales.
Y todo esto se debe decir. Y más cosas. Hablar de sexualidad es hablar de afectividad. Necesitamos transmitir una visión positiva que relacione la sexualidad con el placer, los sentimientos y el amor, y mostrarla como un aspecto de la personalidad que se debe afrontar con libertad, respeto y tolerancia, y no como un hecho vergonzoso o peligroso. Es necesario proporcionar información sobre el motivo por el que ocurren los hechos y las responsabilidades que se derivan, pero sin culpabilizar ni crear miedos infundados. En definitiva, se debe enseñar sexualidad porque si no lo hacemos nosotros, otros lo harán, movidos por intereses no tan loables, y con mucha menos preocupación por una educación integral y sana de la sexualidad. |